miércoles, 19 de noviembre de 2014

La Perversión del Marketing

En la siguiente entrada de este blog voy a analizar la última canción de Nicki Minaj, Anaconda, que es un buen ejemplo del uso de la mujer como objeto de explotación comercial y cultural que influencia y crea tendencias a un tipo de población determinada (adolescentes).

Nicki Minaj es una rapera, modelo, directora ejecutiva, actriz y diseñadora de modas del panorama actual. Nació en Puerto España (Trinidad y Tobago) en 1982. Empezó su carrera musical con veintiséis años (2007).
Hasta el momento Nicki Minaj ha vendido 13 millones de álbumes en todo el planeta.
Sus trajes extravagantes y coloridos, pelucas y ropa le han dado el reconocimiento de icono de la moda. Ha colaborado con Adidas, MAC Cosmetics y Pepsi. Esta cantante ha ganado seis BET Awards, cuatro American Music Awards, dos MTV Video Music Awards y el premio Estrella en ascenso (Billboard) 2011. Es considerada por el periódico The New York Times como "la rapera con más influencia de todos los tiempos".

Según Minaj, su padre bebía alcohol, tomaba drogas y una vez incendió su casa con su madre en el interior.
A pesar de ello Nicki tocaba el clarinete y se graduó en La Guardia High School, esta era una escuela especializada en música y artes visuales y escénicas.

En abril de 2007, lanzó su primer single donde aparece como una muñeca Barbie en la portada. A partir de este año comenzó a sufrir una increíble transformación física de su cuerpo hasta llegar a la actualidad que se puede ver en el videoclip Anaconda. En este enlace se observa el llamativo “antes y después” del cuerpo de la cantante.


A demás de este cambio hay que comentar el tono despreciativo que utiliza en sus canciones y lo peor de todo, el trato denigrante hacia la mujer, empleando expresiones como “a la mierda las perras flacas”.
En esta versión del videoclip Anaconda se ha incluido la traducción de la letra para que podamos comprobar su lenguaje obsceno:  


 El problema es que ella es un icono importante que influye tanto en el público femenino, como en el masculino, ya que no solo desprende sensualidad que atrae al público masculino, sino que también crea un prototipo negativo para las adolescentes que ven en su mensaje la relación entre mujer y objeto de deseo sin aportar ningún otro tipo de valor a la mujer.

Una de las prácticas más habituales de la publicidad, los videos musicales y otros canales de difusión ha sido reducir a la mujer a “objeto”; sin identidad propia, solo muestra un estereotipo de cuerpo a disposición de los hombres, estos a su vez tienen la imagen de que la mujer es solo de “usar y tirar”. En el siguiente enlace (un anuncio de cerveza) podemos ver un ejemplo más de lo que se comenta:


 http://bigpicture.typepad.com/writing/images/mf_beer.jpg


Por lo menos hay algunas leyes, entre ellas la Ley 140 de 1994 que protegen los derechos de hombres y mujeres. Particularmente en el artículo 90, se dice que “La Publicidad Exterior Visual no podrá contener mensajes que constituyan actos de competencia desleal ni que atenten contra leyes de la moral, las buenas costumbres o conduzca a confusión con la señalización vial e informativa.”

Si existen unas leyes que nos protegen de estos abusos, ¿Por qué no cae todo el peso de la ley sobre estos canales de difusión?
Seguramente sea porque el dinero y el marketin que está creando todo esto es más ‘importante’ y beneficioso para todas las personas que ganan con esto (empresarios, managers, los propios artistas…) pero no se dan cuenta de que así están condicionando a chicos a tratar a las mujeres como cosas, y a las chichas a tener un cuerpo perfecto que genera frustración.

Cristina García.

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