martes, 3 de marzo de 2015

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En esta entrada me gustaría hablar sobre un tema que me abarcó tras un trabajo de ética sobre los derechos humanos. En él investigué distintos casos de violaciones de derechos humanos que actualmente nos engloban y especialmente uno me llamó la atención.
 Éste está muy presente últimamente en nuestro país, según las cifras de wikipedia:

El número de desahucios llegaría a los 171.110 desde el comienzo de la crisis en julio de 2008.

En en el primer trimestre de 2012, según el Consejo General de Poder Judicial, se produjeron 46.559 desalojos forzosos por la vía judicial, 517 al día.

En 2012, según el Banco de España, y con los datos filtrados de entidades financieras, se produjeron 32.490 ejecuciones hipotecarias de vivienda habitual, de las cuales 14.110 fueron daciones en pago (el 43% del total) y otras 4.215 entregas voluntarias. 
Cuando llegó la comisión judicial para ejecutar el desahucio 2.405 viviendas estaban todavía ocupadas y en 355 casos de entregas judiciales de viviendas habituales ocupadas se requirió la intervención de la policía para la realización del desahucio.

Según el CGPJ en el primer trimestre de 2013 se ejecutaron 19.468 desahucios, lo que arroja una media diaria de 216.




Resulta inaudito que más de cien mil personas hayan tenido que abandonar su casa, una vivienda que creías que te pertenecía, a la que creías considerar un hogar y te transmitía una seguridad que ningún lugar más podía aportarte.

En mi opinión es completamente lógico que, si una persona no paga la deuda que debe siendo el motivo que se haya gastado más dinero del que podía permitirse o del que no dispone, haya que saldarla. Pero para empezar no se debería de haber vendido el artículo comprado si se ven indicios que muestren que no vaya a poder asumir estos pagos. Pero... ¿y las personas que pudiendo permitirse su estancia en un hogar, en el que pudieron establecer una familia teniendo en cuenta los pagos que perfectamente podían permitirse, son ahora desahuciadas? ¿Cómo alguien con un buen sueldo y con las condiciones apropiadas para comenzar una nueva vida en una vivienda se iba a poder imaginar que en un futuro, la condición económica de su país bajaría tanto, que su sueldo descendería tan rápido que con tan siquiera pestañear su mesa se llenaría de facturas, las cuales son lo único que suben?
No me quiero ni imaginar cómo sería la sensación de tenerlo todo bajo control y que de pronto, sin tan siquiera esperarlo, que todo se te vaya de las manos hasta el punto de no poder sostener nada, de ver cómo te quitan tu hogar, tu derecho a una vivienda digna que has mantenido durante muchos años de tu vida y que sin poder prevenirlo, ahora desaparece.
Y el mal sabor de boca de ver cómo los precios del único lugar al que creías poder llamar seguro, siguen subiendo junto el número de parados, de ver cómo decirles a tu familia que si quieren seguir comiendo debían dejar de destinar el dinero en su propio hogar, de ver bajar números y subir otros y que aunque vayan en diferentes direcciones, ambos dejan ese mal sabor del que estamos hablando.



Al encontrar este vídeo en Internet decidí añadirlo a esta entrada ya que, aunque no tenga la mejor producción, creo que muestra un ejemplo muy claro del suceso al que me estoy refiriendo.



¿Y qué hacer cuando con más de 68 años, una persona jubilada, sin poder trabajar, sigue teniendo que mantener su casa? Cuando la ayuda que actualmente recibe no compensa el gasto que una vez pudo haber pagado.



 "Derecho a una vivienda digna"-
La palabra injusticia se queda corta.

Sara Martínez.

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